
La tienda de mi tendero no gasta demasiada energía: una gran ventana y una puerta abierta permiten la entrada de la luz y la ventilación. No tenemos necesidad de ir en coche a su tienda, pues está en nuestro barrio.
Compramos lo que necesitamos, no hay apenas estímulos a comprar otros artículos, más que un mostrador con una deliciosa variedad de aceitunas. Las conversaciones con él son un granito más de arena en la montaña que conforma las relaciones sociales dentro de la comunidad de un barrio.
En su tienda no tienen sentido las prisas, los relojes que corren, pues es mucho más entretenido ver cómo el cliente que va delante le cuenta las últimas novedades de su huerto o incluso entrar en esa conversación o iniciar otra cuando te toca el turno... en fin, que mi tendero podría ser una de esas personas de referencia al trabajar el decrecimiento, aunque su papel no sea el de escribir artículos o libros o dar conferencias.
Su imprescindible papel es el de facilitar la práctica de otro modo de vivir, de desarrollar una vida de barrio un poco más al margen de un sistema socioeconómico que pretende alienarnos, homogeneizarnos, robarnos la identidad, las relaciones más humanas, la sensación de pertenencia a la comunidad de nuestro barrio...
CRISTINA CONTRERAS JIMÉNEZ.GRUPO DECRECIMIENTO EN EQUIDAD.PARA LEER EL ARTÍCULO COMPLETO, CLICAR EN LA IMAGEN.