9 abr. 2011

MI TENDERO PALENTINO

La tienda de mi tendero no gasta demasiada energía: una gran ventana y una puerta abierta permiten la entrada de la luz y la ventilación. No tenemos necesidad de ir en coche a su tienda, pues está en nuestro barrio.
Compramos lo que necesitamos, no hay apenas estímulos a comprar otros artículos, más que un mostrador con una deliciosa variedad de aceitunas. Las conversaciones con él son un granito más de arena en la montaña que conforma las relaciones sociales dentro de la comunidad de un barrio.
En su tienda no tienen sentido las prisas, los relojes que corren, pues es mucho más entretenido ver cómo el cliente que va delante le cuenta las últimas novedades de su huerto o incluso entrar en esa conversación o iniciar otra cuando te toca el turno... en fin, que mi tendero podría ser una de esas personas de referencia al trabajar el decrecimiento, aunque su papel no sea el de escribir artículos o libros o dar conferencias.
Su imprescindible papel es el de facilitar la práctica de otro modo de vivir, de desarrollar una vida de barrio un poco más al margen de un sistema socioeconómico que pretende alienarnos, homogeneizarnos, robarnos la identidad, las relaciones más humanas, la sensación de pertenencia a la comunidad de nuestro barrio...
CRISTINA CONTRERAS JIMÉNEZ.
GRUPO DECRECIMIENTO EN EQUIDAD.
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3 comentarios:

  1. Este articulo me trae a la mente los recados de mi madre que le hacía niña en lugares como estos, donde el tendero era una parte muy importante del barrio, confiando en su honradez y ayuda a su manera a los que podía y siempre encontrabas lo que realmente necesitabas, y alguna vez nos regalaba un caramelo, el cual agradecíamos muchísimo... no era algo que habitualmente comiéramos

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  2. El recuerdo de Maite, que yo también comparto, me trae otros recuerdos de mi niñez relacionados con la austeridad y la simplicidad de unos años en los que vivíamos mejor, bastante mejor que ahora, con menos, como dice el lema de la campaña de Ecologistas: VIVIR MEJOR CON MENOS.
    Uno de estos recuerdos era el hombre que venía periódicamente a casa para comprarnos el papel que desechábamos, poco comparado con lo que se desecha ahora. Venía con una balanza romana, ataba con un trozo de guita el papel, lo pesaba y nos daba unos pocos céntimos por él. Pocos, pero eran bienvenidos en una sociedad en la que había pocos desperdicios.

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  3. También reutilizábamos los envases de vidrio una y otra vez, pues al ir a comprar por ejemplo los yogures llevábamos el vacio y limpio y nos abonaban unos céntimos que descontaban del lleno, y así con todos los envases de vidrio que se utilizaban, las gaseosas el vino, el aceite, la leche… en los papeles donde el tendero nos envolvía lo comprado llamado de estraza, después envolvíamos nosotros los bocadillos del cole y estos no se tiraban se devolvían a casa para reutilizar lo varias veces más… era algo que veíamos en casa y nos enseñaban, todo valía y nada se tiraba.

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