
Aunque parezca mentira esa foto es la de cuatro figuras monstruosas y de gran tamaño, muy grandes, que desfilaron el día 5 de enero de 2011 en la cabalgata de los reyes magos en la ciudad de Córdoba. Por supuesto que muchos niños y niñas pequeños lloraron espantados al ver a estos gigantes.
Como la foto es mala y no se ve bien, os describo los detalles. El primer monstruo es un cuerpo con tres cabezas y cuatro brazos. En uno de ellos lleva un hacha y en el otro una espada. Ninguno de sus cuatro brazos le sirve para llevar a los niños y niñas ilusión, alegría, cariño u otros sentimientos inútiles…
Los otros monstruos son de una calaña parecida, gestos feroces, fauces amenazantes, mucho colmillo, mucho cuerno, poderosas patas, poderosas colas llenas de armamento corneo, en fin, las imágenes típicas de los sueños infantiles…
Bueno pues, como decía, esos monstruos desfilaron en la cabalgata de reyes.
Fijaos qué poderosos instrumentos utiliza el sistema para penetrar en las mentes de niños/as y mayores. Utiliza todo tipo de imágenes de forma tan reiterativa, están tan presentes en nuestras vidas que ya las asumimos como normales y las integramos en nuestra cultura como algo habitual y, como tal, como algo que se acepta sin hacer una mínima revisión crítica.
¿Cuántos adultos habrán visto la cabalgata sin cuestionarse mínimamente la oportunidad de exhibir esos monstruos ante niños y niñas? El sistema nos asfixia con sus imágenes y nos fuerza a incorporarlas acríticamente. Y esto, lo mismo que sirve para esta experiencia sirve para otra muchas. Si aceptamos esto en una fiesta infantil, qué no aceptaremos en el resto de nuestras rutinas…
La fuerza del sistema es tal que se muestra en todo tipo de manifestaciones culturales, como la que aquí nos ocupa.
Fijaos también la tremenda falta de liderazgo ideológico y ético de los responsables de esta actividad, de las personas que han contribuido a que se cometa un acto tan brutal contra los niños y niñas de esta ciudad.
Guillermo Contreras. Grupo Decrecimiento en Equidad de Córdoba.